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Mi hijo cumplió un año y ya no come igual...

Foto del escritor: Dr. Marco Antonio Mendoza Ojeda
Dr. Marco Antonio Mendoza Ojeda
5 oct
3 min de lectura

“Doctor, antes comía de todo y ahora casi no quiere comer”.


Esta es una preocupación muy frecuente después del primer año de vida. Y aunque cada niño debe valorarse de manera individual, comer menos después de cumplir un año no necesariamente significa que algo esté mal.


¿Por qué puede disminuir el apetito?


Durante el primer año de vida los bebés crecen a una velocidad extraordinaria y necesitan mucha energía para hacerlo.

Después del año, la velocidad de crecimiento disminuye. Al necesitar proporcionalmente menos energía, también puede disminuir el apetito.

Además, el niño comienza a desarrollar mayor independencia: quiere explorar, jugar, elegir qué alimentos acepta e incluso puede comer muy bien un día y mucho menos al siguiente.



Esto forma parte del desarrollo de la alimentación.


Algo importante es que los niños pequeños conservan mecanismos para regular su hambre y saciedad. Por eso, intentar que coman siempre la misma cantidad o insistir en que “terminen todo el plato” puede convertir la comida en un momento de tensión.


Entonces… ¿qué pueden hacer los padres?


Más que perseguir una determinada cantidad de comida, conviene observar cómo está creciendo el niño y cómo es su alimentación en conjunto.


En casa puede ayudar:


  • * Ofrecer horarios relativamente regulares de comidas y colaciones.

  • * Servir inicialmente porciones pequeñas y permitir que pida más.

  • * Ofrecer diferentes alimentos, sabores y texturas.

  • * Comer en familia cuando sea posible.

  • * Evitar sustituir constantemente los alimentos rechazados por dulces, jugos o productos ultraprocesados.

  • * Evitar que esté tomando leche, bebidas o comiendo pequeñas cantidades durante todo el día, porque puede llegar sin hambre a las comidas principales.

  • * No obligarlo, regañarlo ni utilizar la comida como premio.


Un alimento rechazado hoy no necesariamente será rechazado para siempre. Algunos niños necesitan verlo y probarlo en diferentes ocasiones antes de aceptarlo.



La idea es sencilla: los adultos deciden qué alimentos ofrecer, cuándo y dónde; el niño participa decidiendo cuánto comer de lo que se le ofrece, respetando sus señales de hambre y saciedad.


¿Cuándo sí conviene consultar al pediatra?


Lo más importante no es cuánto comió en una sola comida, sino cómo se encuentra y cómo está creciendo a lo largo del tiempo.


Es recomendable solicitar valoración médica si el niño:


  • * está perdiendo peso o ha dejado de crecer como se esperaba;

  • * rechaza progresivamente una gran cantidad de alimentos;

  • * presenta vómitos o diarrea persistentes;

  • * parece tener dolor al comer;

  • * tose, se atraganta o tiene dificultad para masticar o tragar;

  • * solamente acepta ciertas consistencias o líquidos;

  • * se encuentra decaído, muy irritable o con otros síntomas;

  • * o si la alimentación se ha convertido en una dificultad persistente que preocupa a la familia.


El pediatra puede revisar su curva de crecimiento, alimentación, desarrollo y exploración física para determinar si se trata de una etapa esperable o si existe algún problema que sea necesario estudiar.



¿Necesita vitaminas o algo para abrirle el apetito?


No necesariamente.


Una disminución del apetito después del primer año no es por sí misma una indicación para administrar vitaminas, suplementos o estimulantes del apetito.


Antes de utilizar alguno de estos productos es mejor identificar si realmente existe un problema nutricional o médico y, en caso necesario, elegir el tratamiento adecuado.


En resumen


Después del primer año, muchos niños empiezan a comer menos de lo que sus padres esperan. Con frecuencia esto coincide con una menor velocidad de crecimiento, mayor autonomía y una regulación cada vez más evidente de sus propias señales de hambre y saciedad.


Más que contar cucharadas, hay que vigilar al niño completo: su crecimiento, desarrollo, energía y relación con los alimentos.


Si tienes dudas sobre cuánto está comiendo tu hijo o notas cambios en su crecimiento, coméntalo con su pediatra.

 
 
 

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